Recomiendo — Violadores del Verso con Soziedad Alkoholika.

Encontré esto en Youtube y no puedo decir nada más porque el título lo dice todo… Estoy hiperventilá xD

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Recomiendo: Manu Chao – Me llaman calle.

Tengo super botado mi blog, y me encanta escribirlo, ya que así al menos puedo exteriorizar ciertos pensamientos, así que pondré otra sección, para recomendar algo que esté haciendo o escuchando dentro del día.

Hoy quiero recomendar esta hermosa canción de Manu Chao (un artista increíble, un músico impresionante, completo y muy comprometido con Latinoamérica, la pobreza, etc.). Me llaman calle es una canción que nos habla de la ilusiones, sueños, desengaños, asperezas y dolor que viven quienes llevan adelante la profesión más antigua del mundo: La prostitución.

Todo mi respeto y amor para las chicas de todos el mundo, quienes sé, hacen eso porque necesitan hacerlo para ver sonreír a sus hijos, y quién diga que es una vida fácil no tiene la más mínima idea lo que es difícil en este mundo:

Me llaman calle, pisando baldosa
La revoltosa y tan perdida
Me llaman calle, calle de noche, calle de día
Me llaman calle, hoy tan cansada, hoy tan vacía
Como maquinita por la gran ciudad

Me llaman calle, me subo a tu coche
Me llaman calle de malegría, calle dolida
Calle cansada de tanto amar
Voy calle abajo, voy calle arriba
No me rebajo ni por la vida
Me llaman calle y ése es mi orgullo
Yo sé que un día llegará, yo sé que un día vendrá mi suerte
Un día me vendrá a buscar, a la salida un hombre bueno
Pa toa la vida y sin pagar, mi corazón no es de alquilar

Me llaman calle, me llaman calle
Calle sufrida, calle tristeza de tanto amar
Me llaman calle, calle más calle

Me llaman calle la sin futuro
Me llaman calle la sin salida
Me llaman calle, calle más calle
La que mujeres de la vida
Suben pa bajo, bajan para arriba
Como maquinita por la gran ciudad

Me llaman calle, me llaman calle
Calle sufrida, calle tristeza de tanto amar
Me llaman calle, calle más calle

Me llaman siempre, y a cualquier hora
Me llaman guapa siempre a deshora
Me llaman puta, también princesa
Me llaman calle, es mi nobleza
Me llaman calle, calle sufrida, calle perdida de tanto amar

Me llaman calle, me llaman calle
Calle sufrida, calle tristeza de tanto amar

A la Puri, a la Carmen, Carolina, Viviana, Nereida, Magda,
Marga, Heidi, Marcela, Jenny, Tatiana, Rudy, Mónica, María

Me llaman calle, me llaman calle
Calle sufrida, calle tristeza de tanto amar
Me llaman calle, me llaman calle
Calle sufrida, calle tristeza de tanto amar

Al contemplar tu mirada tan triste, vuelvo a pensar en ayer…

Demasiado tiempo de abrazar a los que partieron,
me ha cansado.
Demasiado tiempo de zarpazo mortal a los que amo,
me ha cansado.
Demasiado tiempo, demasiado,
me ha cansado.
Y desde mis ojos cansados, y desde mi pelo cansado,
y desde mi llanto cansado, penetro en tus ojos,
y tus ojos se agrandan y nuestra mirada de ayer
es presente y futuro y mi canto vuelve a cantar en el tuyo.

El Caso Soquimich (SQM) explicado con manzanitas

Una excelente columna #InvestiguenASQM

Economía Para Todos

Prólogo

Me emocioné escribiendo esta columna. Se la dedico a todos los que leen en búsqueda de la verdad.


Esta columna la escribo con enfado, pero impidiendo que dicho enfado afecte mi juicio. Como ha sido la tónica de este blog, me ceñiré estrictamente a los hechos, con matices de humor, pero sin perder seriedad en mi exposición. Los juicios de valor, como es habitual, los dejaré para la última sección. Una extensa última sección.

En esta columna expondré los antecedentes del Caso SQM (o Soquimich) recopilados hasta la fecha. No obstante, es preciso destacar que el “Caso SQM” aun no es un “caso”. Dado esto algunos lo han llamado “arista” del Caso Penta. Sin embargo, de acuerdo a los antecedentes recopilados hasta la fecha (escasos, pero contundentes) yo me siento más cómodo llamándole “Caso”, aun cuando para el Servicio de Impuestos Internos no lo sea. 

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Ser chófer de micro en Santiago.

Buenas tardes gente preciosa, hoy les vengo a contar una pequeña reflexión que hice durante la mañana del día lunes. Me levanté como todos los días y después de salir de la casa caminé hasta mi paradero amigo, para tomar la micro. No uso mucho metro la verdad, me estresa un poco su funcionamiento y me entristece ver las caras displicentes de las personas, o ver como se pelean por un metro cuadrando demostrándome lo incapaces que somos de vivir en comunidad.

Así que hace un tiempo opté por la micro. Es cómoda. Casi nunca anda llena. Se suben músicos a demostrar su talento. Es entrete. Me encanta la verdad.

Pero casi nunca me voy sentá, obvio si la suerte no es tanta… la cosa es que el  lunes milagrosamente me senté, onda en el asiento que va pegadito a la espalda del chofer. Puta, iba feliz en mi asiento. “Aquí me voy a echar una pestañita” — pensé.

Nada. Más. Lejos. De. La. Realidad.

Puta iba una señora al lado mio durmiendo a pata suelta, pero yo me desconcentraba a cada rato porqué como iba al lado del chófer, el timbre de la micro me sonaba adentro de la cabeza poh. Así que después de un rato de forzar los ojos, pegarmelos con poxipol y apretarlos con fuerza caché que no iba a poder dormir, así que me dediqué a mirar al chófer… Un señor de unos 50 años. Canosito. Medio gordito pero no tanto. Y empecé a pensar en él, onda en su vida.

Pensé que seguramente casi ha trabajado toda su vida en las micros: cuando eran amarillas y ahora en estas. Pensé que pese a que el Transantiago la mayoría del tiempo es una mierda para nosotros, para ellos igual mejoró su calidad de vida porque onda, ¿se acuerdan cuando los asaltaban? ¿Cuando se subían y les metían la mano en la caja dónde guardaban las monedas? Bueno, yo me acuerdo, me acuerdo de las familias llorando por la tele cuando los mataban por robarles 50 lucas… en fin algunas cosas no cambian, hoy en día la gente mata por menos aveces.

La cosa es que con la llegada del Transantiasco, al menos dejaron de estar tal vulnerables. Tienen un sueldito. Un asiento cómodo (lo observé, pero no lo comprobé!). Así que por eso nosotros nos creemos con el derecho de insultarlos cuando ellos no paran dónde queremos. O cuando encontramos que va medio pajero. “Puta este weon, ahora que les pagan fijo se pusieron más flojos”. Pero, queridos míos, ¿es realmente necesario? ¿Osea, ustedes creen que porque ellos les pagan fijo sus vidas de pronto se volvieron la historia de Mery Poppins?

Y ahí caché. El sonido del timbre es una wea terrible, que como les dije, estaba adentro de mi cabeza la media hora que duró mi viaje. Imagínate escucharlo por 8 horas seguidas, los cinco (o seis) días de la semana, los 365 días del año. Además, tení que cargar todos los días con un enjambre de gente frustrada con sus vidas, que le dicen sí todo el día a su estúpido jefe, para mantener su trabajo de mierda que les destroza la mente y el espíritu, con el objetivo de endeudarse más y comprarle y comprarle cosas a sus hijos que en realidad no necesitan nada más que el amor de sus padres y más encima, el chófer tiene que mamarse el jugo o la de mierdas que le gritan cuando el timbre se echó a perder y no cachó que tu queriai bajarte, o simplemente la vende porque iba pensando en algo de su vida, porque ojo, él también tiene una vida poh weón… Y problemas. Y frustraciones. Y pega. Y deudas. Y weás.

Mas encima, aparte de tener que mamarte el imperante mal humor en la sociedad chilena, teni que aguantar que todos los días pasen más de dos mil caras frente tuyo y ni siquiera sean capaces decirte “buenos días”. Y ahí me dio la weá. ¿Porqué mierda nos cuesta ser más empáticos?

Como dijo Edo Caroe (#grande), cargamos siempre con el weon de al lado y nos quedamos calladitos cuando nos meten el dedo en la boca. O otras cosas.

Puta puedo putear a este weon de mierda que lleva ocho horas trabajando todo sopeao’, frustrado, escuchando un sonido de mierda las 8 horas porque el weon no me paró, pero Dios no permitas que le vaya a decir algo que no me gusta a mi jefecito lindo. O al dueño. O al banco. O a la isapre. Total, me desquito con este otro que a la larga ni se parece a mí.

¡¿Porqué somos tan egoístas?! ¡¿Porqué nos creemos diferentes a los demás, cuando en realidad somos todos iguales?! 

Me da una frustración y pena tremenda que un país de Violetas, de Victors, de Mattas no sean capaces de ver al de al lado como su igual, ¿lo entienden? Hay desigualdad, pobreza, pena y nosotros nos dedicamos a hundir y hundir el dedo en la llaga en vez de sonreír y decirnos “buenos días”. 

Se que es difícil cabros, pero, ¿es realmente imposible?

No sé, les dejo esa interrogante.

Y pucha a los que me lean, no se crean que alguna vez no he caído en la tentación de putear a un tío chofer. O de reclamar. Soy humana, cometo errores como todos. Pero lo bakan es que siempre podemos mejorar, y trato de hacerlo todos los días.

Los invito a que lo hagan conmigo. Diganle buenos días o buenas tardes al chófer cuando se suban a la micro. El sonreirá (la mayoría lo hace) y les devolverá el saludo… Y se subirán con una sonrisa a la micro, ¿que mejor?

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Saludos, que tengan un finde bakan 😉

Marce.

Fangirl — Rainbow Rowell.

Cath es fan de Simon Snow.
Bueno, todo el mundo es fan de Simon Snow…
Pero para Cath, ser fan es toda su vida, y ella es realmente buena en ello. Ella y su hermana gemela, Wren, se escondieron en la serie Simon Snow cuando eran unas niñas, y eso fue lo que las ayudó a superar el abandono de su madre.
Leer. Releer. Pasar el rato en los foros de Simon Snow, escribir fanfictions sobre Simon Snow, vestirse como los personajes para cada estreno de una película.
La hermana de Cath se ha alejado del fandom, pero Cath no puede dejarlo ir. No quiere hacerlo.

FANGIRL_CoverDec2012

¡Un montón de tiempo! Ahora sí, a ponerse al día con el blog 😀

Fangirl. Como decirlo sin gritar xD… Bueno, de partida les cuento que es un libro que toda persona que haya leído un fic alguna vez debe leer. Así de simple.

Fangirl nos cuenta la historia de Cath, una típica chica de 17 años que debe partir a la universidad una vez que termina el colegio. Hasta ahí todo bien. Solamente que ella no es como la típica chica, o quizás es muy similar a cientos y cientos de chicas que existimos en todas partes del mundo, leyendo en secreto historias fanfiction de nuestros personajes favoritos una y otra vez solo para no dejarlos morir jamás.

Para quién no sabe que es fanfiction, pinche sobre la palabra para una explicación.

Ahora, lejos del apasionante mundo del fandom, del cual soy una lectora hace años, escritora de fanfictions también (aunque eso lo dejé hace un año más o menos para dedicarme a mis originales), Fangirl nos presenta un bello relato del camino que recorremos al crecer, de como todos los lectores creamos mundos infinitos en nuestra mente y nos aferramos a ellos con uñas y dientes, de una comunidad enorme, mundial y de la bonita forma en que nos transformamos detrás de la pantalla, de como creamos un mundo paralelo para escapar, no por cansancio o tristeza, si no por el simple echo de que podemos hacerlo.

—¿De qué conoces a Simon Snow? —preguntó ella.
Él se encogió de hombros. —Todo el mundo conoce a Simon Snow.
—¿Has leído sus libros?
—He visto las películas.
Cath rodó sus ojos demasiado fuerte, que dolió (realmente). (Tal vez porque aún estaba al borde de las lágrimas. En el borde, y punto). —Así que no has leído los libros.
—No soy realmente una persona de libros.
—Esa puede ser la cosa más estúpida que me has dicho.
—No cambies el tema —dijo Levi, sonriendo más—. Escribes historias de Simon Snow…
—Creo que es divertido.
—Sí —dijo Levi—. Pero también es algo genial. Háblame de tus historias.
Cath presionó los dientes del tenedor en el mantel. —Son solo, como… Tomo a los personajes, y los coloco en situaciones nuevas.
—¿Como escenas eliminadas?
—A veces. Más como los ―y si. Como, ¿y si Baz no fuese malvado? ¿Y si Simon nunca encontró las cinco hojas? ¿Y si Agatha las encontró en su lugar? ¿Y si Agatha era malvada?
—Agatha no podía ser malvada —sostuvo Levi, inclinándose hacia delante y apuntando a Cath con su tenedor—. Ella es ―puro corazón, un león del amanecer‖.
Cath entrecerró sus ojos. —¿Cómo sabes eso?
—Te lo dije. He visto las películas.

El personaje de Cath es tímido, ella nunca quiere llamar la atención sin embargo llama la atención de quién secretamente, jamás pensó. Levi. Un personaje adorable, único y perfecto. El se lleva todas mis estrellas, como así la hermana de Cath se lleva buena parte de mi odio.

Levi se paró frente a Cath, su rostro serio (por una vez, en serio, por una vez), su cabeza moviéndose de arriba abajo deliberadamente. —Así que —dijo en voz alta—, ¿una fiesta de baile de emergencia?
Cath asintió.
Y asintió. Y asintió.
Levi también asintió.
Y luego Cath comenzó a reír, rodándole los ojos mientras movía las caderas de un lado al otro. Sólo un poco.
Y entonces sus hombros.
Y luego estaba bailando de nuevo. Más tensa que antes —sus rodillas y codos apenas se movían—, pero bailando.
Cuando miró de nuevo a Levi, estaba bailando también. Exactamente de la forma en que lo habría imaginado si alguna vez lo hubiera hecho. Demasiado lento y suelto, pasando los dedos por su cabello. (Amigo, ya lo entendimos. Eres bueno). Sus ojos brillaban con absoluta alegría. Haciendo que las luces lucieran tenues.
Cath no podía dejar de reír. Levi atrapó su mirada y se rió también.

Fangirl es uno de esos libros que todos deberíamos leer, con hermosas lecciones de amor y aceptación, con risas y sorpresas aseguradas, con una historia paralela (la de Simon Snow) que le da un toque cautivante al libro.

No me había atrevido a leer nada de esta autora, por tiempo y demases, pero me alegro que haberme echo el tiempo con Fangirl, es un libro precioso y perfecto, que definitivamente decorará mi librería.

Puntuación:

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El juego de Ripper — Isabel Allende.

«Mi madre todavía está viva, pero la matarán el Viernes Santo a medianoche», le advirtió Amanda Martín al inspector jefe y éste no lo puso en duda, porque la chica había dado pruebas de saber más que él y todos sus colegas del Departamento de Homicidios. La mujer estaba cautiva en algún punto de los dieciocho mil kilómetros cuadrados de la bahía de San Francisco, tenían pocas horas para encontrarla con vida y él no sabía por dónde empezar a buscarla.

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Terminé Ripper el domingo y debo confesar que me dejó con mono de Isabel Allende. Es una de las pocas autoras que deja excelentemente parado a Chile, independiente de un montón de cosas que la gente pueda pensar de ella, es simplemente fantástica y en lo personal me da mucho orgullo leer un libro de ella y pensar: “guau, ella es de mi país”. 

Ripper es una novela policial, no me arriesgo a decir que su primera policial porque no tengo la suerte de haberme leído todos sus libros pero tengo la impresión de que sí, y se luce. A mi en lo personal me encantó.

Un crimen que resolver, un asesino en serie y un grupo de chiquillos que quieren resolver el misterio se envuelven en una trama dónde hay acción, interrogantes, suspenso, realidad, grandes personajes muy torturados, otros muy suaves de carácter, otros simplemente adorables y otros que generar desconfianza con solo leerlos. Me gusta también como Isabel describe sus escenarios, sin pasarse para ser tediosa pero dándole la idea exacta al lector de que es lo que pasa, de que uno pueda imaginarse en colores las escenas y las discusiones.

El final me dejó con pena, pero es justo para lo que estaba pasando y pese a que mi lado cursi es pro-finales felices mi racionalidad me dice que es aceptable y quizás hubiese sido falso de otra manera…. bueno, ojo, que no digo que sea un final no feliz, pero… ¡tienen que leerlo!

En más de una ocasión me has dicho que confías en tu buena suerte, Indiana, crees que el espíritu de tu madre vela por tu familia. Eso explica que no hagas planes para el futuro, no ahorres ni un céntimo, vivas al día, alegremente, como una chicharra. Incluso te has librado de las aprensiones de cualquier madre normal, das por supuesto que Amanda saldrá adelante por sus propios méritos o con la ayuda de su padre y su abuelo; hasta en eso eres irresponsable. Te envidio, Indiana. A mí no me favorece la suerte ni cuento con ángeles guardianes, me gustaría creer que el espíritu de mi madre me cuida, pero ésas son niñerías. Me cuido sin ayuda de nadie. Tomo precauciones, porque el mundo es hostil y me ha tratado mal.

El villano es otro aporte del libro que se va descubriendo página a página y que en mi opinión está muy bien construido, es detallista, psicópata como cualquier villano pero tiene una historia que Isabel no teme contar, y eso es lo que me encanta de ella.

Jamás deja un cabo suelto sin amarrar.

Absolutamente recomendado.

Puntuación:

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